¿QUE ESTA SUCEDIENDO? UNA INVITACIóN AL DEBATE SOBRE DIEZ REFLEXIONES SOBRE DIEZ INTERROGANTES PROBLEMATICOS Y 61 PREGUNTAS CONCRETAS.

 Por Iñaki Gil de San Vicente

 

 0. PLANTEAMIENTO DEL DEBATE

 Desde finales de los 60 el entero mundo se adentró en una vorágines de cambios y crisis diversas que, desde diversos problemas aislados y parciales, confluían hacia una "gran crisis". En la sociedad capitalista desarrollada crecían los datos del agotamiento de las excepcionales condiciones de expansión mantenidas desde finales de los 40, mientras que aumentaban las contestaciones y luchas obreras, las revueltas juveniles y estudiantiles, los movimientos culturales de contestación: a mediados de agosto de 1994 se han cumplido los 25 años del explendor del movimiento pacifista norteamericano. En los Estados del Centro imperialista, como respuesta, se iniciaron estrategias involucionistas -De Gaulle y los militares a mediados de mayo'68, por ejemplo, por citar una sola de las muchas que hubo- que tomaron cuerpo definitivo en 1973 con la Trilateral y pocos años más tarde con el replanteamiento de la doctrina contrainsurgente yanki. Las derrotas en el Vietnam, Camboya, etc, agudizaron este cambio de sentido.

En las sociedades capitalistas entonces llamadas "en desarrollo" se abrió simultáneamente otra oleada de dictaduras militares de extrema brutalidad. Iban destinadas a cortar de cuajo el crecimiento sostenido de las luchas de liberación nacional y social y, por otro lado, a sentar las bases de la posterior desindustrialización impuesta por el Centro imperialista. Todos recordamos aún a Chile. Pero esas dictaduras no lograron contener el deterioro sino que lo aceleraron: tras ellas se desencadenó la falsamente denominada "década perdida", mejor llamarla "década robada". Ya para 1982 Mexico advirtió que no podía pagar su deuda externa. La respuesta fue fulminante: el FMI y todas las instituciones creadas entre 1944-47 -la nueva estrategia imperialista diseñada en Bretton Woods- intervinieron dura y amenazadoramente para restaurar el orden. Mientras tanto, otras partes del Tercer Mundo se precipitaban hacia el Cuarto Mundo: Africa y partes de Asia.

En las sociedades que entonces se definían oficialmente como "socialistas" se agudizaban las contradicciones: toda la Europa del Este era sacudida por revueltas y reinvindicaciones autodenominadas de "socialismo democrático", mientras que en la URSS el régimen de Breshnev empezaba a quedar superado por el agotamiento del modelo stalinista. En China se salía de la "revolución cultural" que, sin embargo, justo pudo retrasar la recuperación de las tendencias derechistas, mientras que Vietnam luchaba heroicamente y en Cuba se avanzaba sin sospechas ni autocríticas por el sendero del "socialismo soviético", olvidando las sabias tesis del Che Gebara derrotadas en el debate de comienzos de los 60.

Pero estos tres bloques de situaciones diferentes e interrelacionadas evolucionaron a velocidad de vértigo, aunque no sólo ellas. A la par, se deterioraba la fe ciega y pueril en la todopoderosa tecnología y en el paradigma neutralista de una ciencia perfecta. La galopante crisis ecológica desquiciaba todas las certidumbres desarrollistas y el dogma del progreso servía cada vez menos para responder a inquietantes preguntas sobre el futuro. Las fracciones más lúcidas de la burguesía internacional empezaron a preocuparse: el Club de Roma, el Informe Global 2000, etc, lo demuestran. La llamada "crisis del petróleo" se sumó a la crisis económica de fondo y cundió otro miedo: los paradigmas keynesianos y marginalistas de la economía no servían -nunca habían servido realmente- para comprender qué estaba sucediendo. Los mismos partidos reformistas clásicos, la socialdemocracia y los PC's, veían cómo despuntaban y crecían los movimientos sociales, el feminismo, otros sindicalismos, el ecologismo, etc, mientras las burguesías clamaban por una nueva "contrarreforma" reaccionaria que no tardaría en llegar: el neoliberalismo filosófico, político y económico representado por Reagan y Thatcher, pero asumido en el fondo por todos los Estados y por la propia socialdemocracia en medio del agotamiento de los PC's incapaces de responder.

Mientras estos desconciertos cundían por todo el planeta, la economía capitalista evolucionaba rápidamente hacia una internacionalización y transnacionalización creciente. El mundo se hacía cada vez más pequeño para las grandes corporaciones que se independizaban de los Estados y casi ya de los espacios continentales. Estos y otros cambios aumentaron la crisis de la forma-Estado y de las finanzas controladas por ellos. La crisis de la moneda nacional, uno de los baluartes históricos de las anteriores expansiones del Capital, se acentuaba. Pero el destino vino en ayuda de la burguesía más irreflexiva y superficial.

 A mediados de los 80 una intensa pero desequilibrada y muy parcial recuperación económica sirvió para insuflar optimismo otra vez a un sistema cuarteado por todos sus lados. Exceptuando a los marxistas, fueron muy pocos los estudiosos que se atrevieron a bucear por debajo de la espuma del crecimiento fácil y rápido de la segunda mitad de los 80. En el Estado español fue especialmente patente ese infantilismo.

 Las causas que generaron los "tres años de oro" de mitades de los 80 se agotaron pronto. Para comienzos de los 90 estaban golpeando a las puertas del capitalismo, que no llamando, los mismos problemas que a comienzos de los 80 más otros nuevos. Por suerte para él el brusco hundimiento de la URSS y de casi todo el "bloque socialista" fue utilizado propagandísticamente para ocultar la crisis renacida; una crisis nunca superada; una crisis de onda larga, de agotamiento de una fase histórica y de un viejo modelo de acumulación. Desde comienzos de los 90, el capitalismo pugna desesperadamente por abrir otra fase de desarrollo. Pero las cosas ya no son como fueron.

Junto a esa dura pugna en la que compiten tres potencias imperialistas con sus respectivos poderes continentales, se agudizan otras contradicciones de fondo: el desastre ecológico; el hambre mundial y el estancamiento de la producción mundial de alimentos; el renacimiento de viejas pandemias y la aparición de nuevas enfermedades como el SIDA; la superpoblación; la mundialización económica y el debilitamiento de los Estados clásicos; la llamada "economía de papel" improductiva y especuladora; el paro estructural; el analfabetismo funcional creciente dentro mismo del Centro imperialista; las megalópolis y la conurbación del mundo; los estallidos sociales desesperados....Todo indica que el modelo impuesto por EEUU a finales de la IIGM está agotado ya precisamente cuando se cumple medio siglo del GATT, Banco Mundial, Fondo Monetario Internacional, Organización de Naciones Unidas, es decir, el conjunto de estructuras internacionales que arroparon el triunfalismo yanki del "hombre en la luna" que ahora se ha estrellado contra el barro de la tierra.

Junto a ello, inducido y provocado por poderes capitalistas transnacionales tanto o más poderosos que la ONU, se asiste al crecimiento del autoritarismo más reaccionario, racista y abiertamente neonazi, irracional y oscurantista. En medio de esta contraofensiva estratégica del Capital, los intelectuales antaño progresistas, dudan, permanecen sumidos en el desconcierto e incertidumbre cuando no se pasan con armas y bagajes al mal llamado "nuevo orden". Estamos al límite del segundo milenio, rozando el tercero, según el calendario católico, y una ola de miedo cósmico, profetismo apocalíptico y fe mistérica es impulsada abiertamente por determinados colectivos que, de pronto, nadan en la abundancia económica. La incertidumbre del presente y la angustia del futuro, unido al agotamiento de las formas tradicionales de interpretar, organizar y solucionar los problemas -¿para qué sirven los sindicatos, los partidos, las elecciones, etc?-, todo ello dentro de claros ataques incluso a la misma democracia parlamentaria burguesa, aumenta la sensación de orfandad y pérdida de sentido. Para llenar ese vacío aterrador nos ofrecen -quieren imponerlos- a berlusconis, perots, lepenes, herfzoges, aznares...

¿Qué está sucediendo?. Esta pregunta nace de la simple observación de esos cambios, del desconocimiento de sus causas y tendencias evolutivas; pero también, del hecho apabullante de que esas transformaciones en apariencia fortuitas y azarosas, caóticas incluso, se están dando dentro de nuestra sociedad, en nuestro pueblo, afectándonos en primer lugar a nosotros mismos. La Euskal Herria de finales del siglo XX ¿a dónde va?, ¿qué fuerzas externas e internas desconocidas la empujan?. ¿Nos llevan a la desnacionalización inseparable de la mundialización económica? Si se ha hundido la URSS, si es claro el declive de EEUU, si la hasta hace poco imperial Inglaterra es hoy casi una potencia de segunda fila, si hasta para pescar un atún tenemos que implorar el permiso eurocomunitario -¿o euroalemán?- si es así ¿qué podemos hacer los vascos y vascas cuando una sola transnacional, la Volkswagen por ejemplo, nos supera económicamente?.

Las reflexiones que siguen están articuladas en base a diez interrogantes que sintetizan los bloques de dudas fundamentales. Son reflexiones, es decir, no son respuestas cerradas, completas e incuestionables. Son reflexiones que ofrecen respuestas abiertas, que plantean nuevas dudas y perspectivas de análisis. Van encaminadas a cuestionar las tesis y dogmas oficiales al uso, ofertando campos de acción y de profundización teórica. Son reflexiones centradas en la medida de lo posible en y para nuestra realidad nacional, pero siempre dentro de una perspectiva mundial e histórica del tema, en la medida de lo posible en cada una de las reflexiones. Reflexiones hechas con lenguaje asequible y directo en la medida de lo posible. Y QUE BUSCAN RESPUESTAS, COMENTARIOS, VISIONES DISTINTAS, CONTRADICCIONES, REPUTACIONES. PARA ESO ABRIMOS AQUí EL DEBATE.

 

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